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Una serie de historias sin amor

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Una serie de historias sin amor

Mensaje por Zillah el Miér Dic 21, 2011 12:00 am

Una serie de historias sin amor


Resumen: Sabes que las buenas historias pueden ser cortas, y las buenas historias donde no hay amor son mucho mejores todavía ya que no necesitan de un final feliz y empalagoso. Esta es una serie de relatos de un diario de varios personajes sin relación alguna, elegidos al azar o en la otra punta del mundo, sólo, un mera recopilación de algún aspecto de su vida, y no de cualquier aspecto. Vamos a hablar de sexo.

Personajes: Todos originales

Advertencias: Lemon, tortura, violación, trios, etc, etc

Género: Drama, aventura, humor y mucho sexo


Capítulo 1
Diario de Alisson

Spoiler:
14 de marzo

14 de marzo.

Hoy había sido un día aburrido, demasiado aburrido. Mis compañeros nunca llegaban a hacer de la vida en el colegio algo más entretenidos, eran bastante sosos la mayoría, pero, por esas cosas que tiene la estúpida vida, tenía que quedarme con ellos hasta graduarme. Sí, no sueno muy feliz, lo sé, pero es que realmente no soy feliz con esta vida tan simple y monótona. ¡soy una genio! Y tengo que andar metida entre todas estas personas comunes. Lo que los chicos aprenden en semanas, yo con sólo leerlo puedo explicarlo y repetirlo casi de memoria si hace falta, eso no es problema para mí, pero mi mamá insiste en que debo tener una vida común y corriente a pesar de mi coeficiente intelectual alto. Estupideces.

Suspiré con mi cabeza apoyada sobre mis manos en el pupitre mientras miraba cansada la pizarra ¿realmente tenía que dar tanta explicación para un ejercicio tan simple? Era aburrido. Aburrido, aburrido. Ojala mi mamá se quedara un solo día aquí para comprender lo insufrible que eran estas horas de clase. Pero había algunas formas que podía usar para divertirme. Sí, me gustan las bromas y bromas pesadas, también. Cualquier cosa de chicas podría ser atrayente para una joven de 16 años, pintarse las uñas, hablar de hombres y todo eso, pero yo sólo prefería dos cosas: las bromas y el sexo. Me gustaba mucho el sexo, y si era con algún desconocido para no volver a saber de él, mucho mejor. De ésta forma nos ahorrábamos las incomodidades o la oportunidad de volver a hacerlo. Aunque, a veces hacia algunas excepciones. Hoy tuve que hacerlas ya que la oportunidad llegó a mi puerta y no podía dejarla irse así nomás.

Tuve que quedarme castigada después de clase por molestar a Jimmy, como si nadie lo hiciera. Le jugué una broma con un cartucho de un lapicero y por no poder quitarse todavía la tinta de la cara, me quedé horas extras con el profesor de matemáticas. No era una pérdida total. Un hombre de unos 30 años, alto, de contextura fuerte y piel trigueña. Sus rasgos eran serios pero realmente hermosos, parecía un actor de televisión, mucho más cuando se dejaba aquel cabello castaño suelto hasta los hombros y lo hacía para atrás con sus dedos, dejándolo salvaje y desarreglado. Claro que no todas las chicas pensaban como yo. Para la mayoría, afortunadamente, él era un profesor más; nadie más que yo veía lo encantador que era aquel hombre por el sólo hecho de que era mayor que nosotras. Niñas bobas.

Me dejó algunos ejercicios en la pizarra después de que todos se marcharon del colegio, quedándonos solo nosotros dos y el conserje que acababa de terminar de limpiar el aula mientras yo terminaba mi castigo. Los ejercicios eran pan comido, pero, tenía otros planes para el profesor. Después de tanto tiempo de mirarlo en secreto por fin estaba junto a él, en una habitación, los dos solos. Lo miré mientras él llenaba unas planillas y yo hacia los ejercicios del pizarrón. Pero, había uno que no “entendía” así que me acerqué a que me lo explicase un poco mejor.

Él comenzó a darme detalles sobre el procedimiento y todos los pasos que debía seguir con aquella voz gruesa y seductora, tan bonita. Me encantaba escucharlo hablar y mirarme con esos ojos color caramelo de vez en cuando. Eran como dos canicas brillantes en su rostro. Pensando en eso, me senté en medio de sus piernas para que continuara con la explicación. Sentí cómo él se incomodó por este gesto que acababa de hacer y se echaba para atrás en la silla.

-¡Señorita Alisson! ¡¿Qué hace?!- exclamó exaltado por todo lo que sucedía. Yo sólo sonreí y miré la hoja de ejercicios nuevamente.

-Sólo quiero que me explique estos ejercicios ¿es mucho pedir?- pregunté moviendo mis caderas en su entrepierna, masajeando su miembro que podía sentir duro en estos momentos. Era grande, no hacía falta verlo para comprobarlo, ya que con aquel roce por sobre las ropas podía estar segura de que iba a ser un placer estar con él.

Miré hacia la puerta, por suerte, estaba cerrada así que si el conserje volvía a pasar, no nos vería de aquella forma tan excitante. Seguí con aquellos movimientos circulares y tanteando hacia atrás evitando que el profesor se moviera, tomé sus manos y las puse sobre mi pecho comenzando a moverlas de manera circular y deleitante por sobre mi ropa.

-¿No le gustan mis pechos?- dije sugerente en un susurro y sentí como se contuvo de decir algo, pero se detuvo, aun así, eso no quitó que yo siguiera con aquellos movimientos de manos y caderas.

-Tienes unos lindos pechos- murmuró en mi oído haciendo que mi piel se estremeciera al sentir su aliento contra mi cuello. Era más de lo que esperaba escuchar de él. Le estaba gustando todo ello, y al igual que yo, lo disfrutaba. Además, ya comenzaba a mojarme, sentía mi intimidad húmeda y la dureza del miembro del profesor hacia que mi excitación fuera creciendo más y más. Mis pezones estaban erguidos y la temperatura de mi cuerpo iba en aumento y aumento. Estaba al máximo ya, no podía esperar más tiempo para sentirme suya.

Me levanté de encima de él y bajé el cierre de su pantalón después de desprenderlo y lo bajé. Luego, bajé sus bóxers dejando su miembro al descubierto: erecto y caliente, tal como lo estaba buscando. Tomé su mano e hice que se pasara por mi intimidad por sobre mi ropa todavía, aun no me quitaba la braga, solo había subido mi falda para que él pudiera meter su mano y deslizarla por aquella zona que me apetecía tanto que tocase. ¡sí, su mano se sentía demasiado bien allí!

-¡Ah!- dejé escapar de mis labios cuando apretó sus dedos en mi entrada metiendo un poco aquella prenda dentro junto con sus dedos, dando leves golpecitos de pronto mientras yo sólo podía gemir ante su tacto. Era tan bueno haciendo esto que me parecía increíble que yo haya sido la que lo haya incitado. Parecía él más rápido para hacer estas cosas. Pronto, bajó mis bragas y yo, me las quité, levantando mis piernas mientras estas caían al suelo, debajo del escritorio. Me acercó hasta él y me sentó sobre sus piernas, acomodando su miembro en mi entrada y comenzó a embestirme.

Yo sólo gemí ante aquella irrupción en mi entrada, sintiendo como mis paredes internas se dilataban para darle paso a su miembro grande y caliente dentro de mí. Me movía de arriba hacia abajo, sosteniéndome de las caderas haciendo más profunda cada penetración. Gemía. Yo tenía la culpa de todo aquello y lo disfrutaba como nunca. Aquel placer producido por su pene erecto era algo que no podía comparar con nada.

Acaricié sus pectorales después de desprenderle la camisa con hago de esfuerzo contando que no dejaba de penetrarme. Acaricie su piel, estaba casi tan caliente como yo en ese momento y ahora, era mucho más intenso: estaba a punto de venirme, no me faltaba mucho para acabar en eso. Gemí fuertemente sintiendo como llegaba al orgasmo y minutos después, él se derramaba dentro de mí.

Nos detuvimos los dos jadeantes, aunque aún no me levantaba de encima de él. Intentaba recuperar el ritmo normal de mi respiración y él me besó. Era la primera vez que probaba uno de sus besos. Besaba de manera tan apasionada e intensa que creía que iba a volverme loca después de esa tarde de “castigo”.

-Eso fue maravilloso- murmuré jadeante quitándome de encima mientras sus manos poco a poco se alejaban de mí. Se sentía raro dejar de tener su miembro dentro de mí, quería seguir un poco más con él, pero primero, iba a hacer algo que le iba a gustar mucho.

Me puse de cuclillas frente a él y acaricié su miembro húmedo y caliente con la yema de mis dedos. De arriba abajo. Pasé mi lengua de la misma forma, contorneándolo por completo hasta que decidí meterlo de lleno en mi boca. Casi llegaba a mi garganta y sentí que un gemido salió de su boca al tenerlo de aquella manera. Eso sólo me motivo a que siguiera con más entusiasmo brindándole sexo oral. Casi no tenía espacio para mover mi lengua allí pero me las ingenié para poder darle placer de igual manera. Movía mi cabeza de arriba hacia abajo, usando no sólo mi lengua, sino, también mis dientes, rozando levemente su miembro y causándole más de un gemido al profesor. A tal punto disfrutaba de todo esto, que puso una mano sobre mi cabeza para comenzar a dirigir mis movimientos hasta que se corrió en mi boca. Su semen sabía tan bien que lo bebí todo. Era amargo y espeso, pero llené mi garganta de él y luego, me levanté con una sonrisa y él me atajo a besarme nuevamente.

Segundos después de soltarme, me dio vuelta, levantándose y haciendo que mis manos se apoyaran en el escritorio. Sentí sus manos sobre mis pechos, masajeándolos con gula y sin ningún tipo de tacto. Me gustaba eso, pero poco a poco sus manos fueron desapareciendo de allí hasta llegar a mis nalgas y abrirlas para meter su lengua en mi intimidad. Me dio él, sexo oral también. Se movía con tanta agilidad por dentro de mi cavidad que no podía pronunciar palabra. Su lengua era una experta para meterse y salir de allí, hasta que llegó uno de sus dedos y comenzó a masturbarme. Después, fueron dos. Así siguió hasta que me corrí por segunda vez. Jadeante, sonreí girando mi cabeza para verlo y pronto sentir nuevamente una embestida. Me estaba penetrando una vez más.

Aquel hombre tenía una resistencia increíble. Me embestía, sacando y metiendo su miembro dentro de mí sin ningún tipo de sutilezas, arrancando más de un gemido de mi boca mientras me sujetaba al escritorio para mantenerme de pie. Su miembro caliente me hacía enloquecer en mi vagina. Así siguió un largo rato, hasta que se corrió y yo, alcancé el orgasmo una vez más junto con él. Ya estaba demasiado cansada y no creía resistir otra sesión más de sexo pero siempre estaba dispuesta a hacerlo si él quería continuar. Pero, al salir de mi entrada, sólo buscó su pantalón y se lo puso. Lo miré un poco desilusionada, ya que quería continuar a pesar de saber qué no iba a poder hacerlo.

Me erguí y bajé mi falda, acomodándola para después buscar mi ropa interior y ponérmela sobre mi intimidad húmeda. Al terminar de arreglarse tanto él como yo, se acercó a mí y me besó.

-Estás castigada mañana también- me dijo y no pude dejar escapar una sonrisa llena de júbilo al oír eso.

-Como usted diga, profesor- dije tomando mis útiles y yendo hasta la puerta. La escuela no iba a ser tan aburrida a partir de ahora.

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Zillah

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